Una joya desconocida
Tras sus gráficos minimalistas casi austeros se esconde una de las ideas de puzle más vertiginosas de la década: mueves las palabras que escriben las reglas y, por tanto, reescribes el juego en tiempo real. Esa sobriedad visual seguramente espantó a los curiosos con prisa. Sin embargo, la profundidad de sus cientos de tableros, cada vez más retorcidos, es inagotable. Imprescindible para cerebros que adoran que les den la vuelta a la lógica.