Llevar una granja nunca se reduce a unas cuantas cosechas: las estaciones se suceden, hay que rastrear las Notas musicales repartidas por el valle, criar animales, estrechar lazos con los aldeanos y buscar matrimonio. Cada día se alarga entre cultivos, minas y festivales, y su ritmo sereno invita a volver durante meses. Esa generosidad apacible y sin final impuesto explica que la simulación siga siendo un referente querido del género.