El baloncesto reducido a dos contra dos, sin faltas ni medias tintas: mates sobrehumanos, balón en llamas tras tres canastas y comentarios endiablados. El exceso arcade se impone al realismo, para una diversión inmediata y explosiva. Nervioso, gracioso y supervitaminado, convierte la cancha en un patio desatado y garantiza veladas hilarantes, sobre todo en grupo.