Recompensar el estilo tanto como la victoria, mediante el sistema de Kudos, transforma todo el espíritu de la carrera: derrapar, adelantar por fuera y cuidar la trazada dan tanto como cruzar la meta. Ese equilibrio entre destreza y arrojo, ni simulación ni arcade puro, conserva un sabor único. El apartado técnico ha envejecido, pero el placer de pilotar con brillantez permanece intacto.