¿Merece la pena jugar a Tinykin en 2026?
Tinykin sigue siendo una pequeña maravilla de ingenio. La idea de encoger a un explorador dentro de una casa gigante, a medio camino entre Pikmin y Mario 64, funciona de maravilla y no ha envejecido nada. Las habitaciones convertidas en niveles verticales rebosan detalle, y deslizarse sobre una pompa de jabón resulta gloriosamente fluido. La dificultad es suave, lo que lo hace accesible a todos pero decepcionará a quien busque reto. Corto pero denso, colorido y siempre ingenioso, se redescubre con una sonrisa. Una gran opción para una sesión de plataformas relajada en Switch.