Aquí, hablar de duración apenas tiene sentido: no es un juego sino una experiencia interactiva japonesa, un caleidoscopio cósmico que contemplar. Se lanza para dejarse llevar por las formas y los colores, el tiempo de un paréntesis sosegado. Su brevedad acompaña su naturaleza de escaparate sensorial, cuyo interés es la contemplación, no una partida que terminar.