Conducir a las hordas mongolas a la conquista de Asia, de la gestión de tribus a las grandes batallas, te compromete a partidas estratégicas larguísimas. Diplomacia, economía y guerra se entrelazan en un vasto mapa que se saborea despacio, campaña tras campaña. Esa amplitud histórica, marca de los frescos de Koei, cimienta una duración que los estrategas pacientes cultivan de buena gana.