Bajo el capó hay un honesto juego de BMX que se divierte recubriéndolo todo con un barniz picante: estríperes como recompensa, chistes verdes y bonos en pelotas salpican las acrobacias. La proeza deportiva sirve sobre todo de pretexto para encadenar bromas subidas de tono, y pedaleas sonriendo ante esta provocación bonachona que rara vez se toma en serio.