El primer ClayFighter es una rareza de culto, recordada por su plantilla de plastilina digitalizada y su apuesta visual única en Super Nintendo. En el mercado NTSC el cartucho es común y fácil de hallar suelto; el interés se concentra en la caja de cartón intacta y el manual, más escasos que el propio juego. Pieza de nicho apreciada por su originalidad kitsch más que por su profundidad, atrae a los aficionados a los luchadores atípicos de los primeros noventa.