Reuniendo las dos primeras entregas en el bolsillo, esta recopilación conserva lo esencial: derrapes en ángulo recto, acelerones a fondo y atajos temerarios contrarreloj. Las sensaciones de conducción arcade siguen siendo inmediatas y jubilosas en partidas cortas. El port acusa algunas caídas de fluidez, pero la energía desbocada del concepto sigue tan contagiosa como el primer día.
Recoger a un cliente, zigzaguear entre el tráfico y frenar entre un chirrido de neumáticos: treinta segundos bastan para entenderlo, horas no bastan para soltarlo. El crono, los saltos delirantes y la banda sonora a tope crean una euforia inmediata, realzada por un modo versus inalámbrico. Concentrado puro de arcade, esta locura urbana sigue siendo irresistible en portátil.