Afianzar el dominio sobre el Japón medieval exige decenas de horas de gestión: desarrollar provincias, reclutar ejércitos, maniobrar en la diplomacia y librar largas batallas por turnos antes de la unificación. El equilibrio entre economía, intriga y conquista nutre una estrategia profunda y pausada. Esa envergadura, propia de los grandes Koei, le otorga una tenaz fama de simulación exigente.