Una carta de amor a los arcade de carreras de los 90, al estilo de Top Gear y OutRun. Nada de simulación, solo velocidad pura, colores chillones y una banda sonora pegadiza. El local a cuatro es una delicia.
Recorres a toda velocidad circuitos de todo el mundo en coches de colores vivos, gestionando el combustible para ir en cabeza. Editado por Aquiris, lanzado en todo el mundo en 2018. Un homenaje a las carreras arcade retro, decenas de pistas, desafíos contrarreloj, pantalla dividida para hasta cuatro y música animada.
Análisis de Horizon Chase Turbo
4/5
Dir. artística
★★★★★
"Llamativa"
MAX
Música
★★★★★
"Legendaria"
1/5
Historia
★★★★★
"Anecdótico"
Barry Leitch resucita el brío synthwave de las recreativas de carreras de los 80 y 90, con temas electrónicos chisporroteantes que vuelan como el asfalto bajo las ruedas. Ese pulso nervioso se ajusta a la velocidad arcade del juego, avivando una nostalgia inmediata para quien creció con los clásicos del género.
Jugabilidad
"Magistral"
Velocidad pura, colores chillones y trazadas legibles a la antigua remiten de inmediato a Top Gear y OutRun, sin la menor pretensión de simulación. La conducción se apoya en su sencillez inmediata y su ritmo frenético, justo lo que se espera. La banda sonora pegadiza sostiene cada carrera, y el multijugador local a cuatro convierte el arcade en puro placer de sofá.
Diversión
"Desde los primeros segundos"
Iniciar una carrera y sentir al instante la velocidad pura, los colores vivos pasando y los ritmos pegadizos: el espíritu arcade de los 80 y 90 resurge intacto. Los circuitos claros se dominan en segundos, y la emoción está en ese derrape ligero que ajustas por instinto. En compañía, los duelos frenéticos convierten cada recta en un estallido de pura euforia.
Adicción
"Cautivador"
Dificultad
"Fácil"
Duración
"Larga"
Información técnica
💾0,5 GB📅20/09/2018
Editado por Aquiris
Precio, valor y rareza de Horizon Chase Turbo (Nintendo Switch)
Hasta cuatro pilotos se enfrentan en pantalla partida local en carreras arcade retro de manejo inmediato. La competición es nerviosa, las llegadas se deciden por una rueda y cada adelantamiento sube la tensión en el salón. Sin florituras: coges un mando y a correr, lo que lo convierte en habitual de las veladas improvisadas. Las rivalidades se instalan rápido y dan ganas de encadenar revanchas.