Secuela de Myst en un universo de mundos-burbuja, tan contemplativo y enigmático como siempre. Los puzzles son ingeniosos y la dirección artística espléndida. Brad Dourif es memorable como antagonista. Para aficionados a la aventura tranquila y los puzzles exigentes.
Vuestro veredicto
Categoría
Aventura1 jugador7+
Descripción
Saavedro, superviviente de un mundo devastado, ha robado un libro de Atrus y atrapa al jugador en un viaje por cinco eras surrealistas para recuperarlo. Editado por Ubisoft, lanzado en 2002 en Estados Unidos y Europa. Tercer episodio de la franquicia de exploración y puzles con entornos 3D prerenderizados de una belleza impactante, enigmas ambientales y la voz de Brad Dourif como Saavedro.
Análisis de Myst III - Exile
4/5
Dir. artística
★★★★★
"Llamativa"
4/5
Música
★★★★★
"Excelente"
4/5
Historia
★★★★★
"Cautivador"
Cada era se concibe en torno a un principio físico único, y todo el decorado se deriva de él: un mundo de energía solar alinea espejos y lentes, otro se apoya en el viento con sus turbinas y velas, un tercero en el agua y sus esclusas. Las imágenes precalculadas permiten una profundidad de campo y unos reflejos que el tiempo real no alcanzaba.
Cada era recibe una capa única, muy larga, que nunca se relanza y se transforma imperceptiblemente: un bordón metálico allí donde domina el viento, armónicos cristalinos cerca del agua, un soplo grave bajo las máquinas solares. Como nada se repite de forma audible, pronto se deja de percibir la música como un tema.
El antagonista no es un monstruo sino un hombre cuyo mundo fue destruido por los hijos de Atrus, y que viene a pedir cuentas a su padre. El relato le deja exponer su agravio por entero, sin contradecirlo, de modo que atravesar las eras equivale a verificar una acusación antes que a frustrar un plan.
Tercera entrega de la saga de aventura de Presto Studios, Myst III Exile prolonga la exploración contemplativa de edades misteriosas plagadas de puzles mecánicos, realzados por escenarios precalculados de gran belleza y una libertad de vista de 360 grados. La profundidad de los rompecabezas, la atmósfera hechizante y la escritura cuidada con un antagonista memorable seducen a los aficionados. El ritmo lento y la ausencia de acción echan para atrás a los impacientes. Un excelente juego de puzles.