Vuelta a los fundamentos del vertical de Seibu, lanza al jugador fuego cruzado, jefes blindados y una subida implacable de intensidad. Alternar entre cañón, láser y misiles según el momento, manteniendo un posicionamiento preciso, marca toda la diferencia. Severo pero muy legible, perpetúa una tradición arcade rigurosa querida por los puristas del género.