Cuidar el campo por la mañana, sumergirse en una mazmorra por la tarde y tejer lazos en el pueblo asienta una rutina donde cada día encadena cosechas, combates y pequeños objetivos. Hacer crecer la granja, los monstruos domados y las relaciones reaviva sin cesar las ganas de un mañana más. El ritmo y la gestión del Rune Point pesan, pero esta fusión granja-aventura conserva un atractivo suave y tenaz.
Levantar una granja en Trampoli supone entregarse a un ritmo estacional sin fin: siembras, cosechas, crías ganado, forjas y fabricas a lo largo de los ciclos agrícolas mientras despejas mazmorras en combate a tiempo real. A ello se suman las relaciones sociales, el cortejo y la boda, además de una trama misteriosa ligada a la isla fantasma que marca el avance. Esa maraña de rutinas entrelazadas justifica su fama de RPG agrícola que se disfruta durante decenas de horas.