Su perspectiva isométrica, atractiva pero traicionera, complica cada esquive: juzgar la profundidad de los disparos y las plataformas exige un ojo que solo el entrenamiento afina. Reflejos, paciencia y memorización de las oleadas priman, pues el castigo cae rápido. Atípico y temible, frustra al principio pero fascina a quienes domestican su dificultad singular.