Violencia sin complejos, humor mordaz, decisiones morales turbias: algunos juegos hicieron de la provocación su sello. Este Top 50 reúne los títulos retro que incomodaron, a veces censurados, a menudo de culto. RomWize los analiza sin tabúes, cada uno con su nota reevaluada, sus versiones, su rareza y su cotización de coleccionista.
"So pretexto de escalar en el hampa, tomas prestados los coches ajenos, despistas a la policía y zanjas cada disputa a tiros, todo en metrópolis abiertas hechas para el caos. El juego no oculta su ironía, pero la emoción de la libertad total te hace aceptar sin pestañear una rutina diaria de delitos encadenados con una sonrisa algo culpable."
"Convertirse en el mejor entrenador se apoya en una rutina que nadie cuestiona mientras juega: cruzarte con criaturas salvajes en plena naturaleza, debilitarlas a base de combates y luego encerrarlas en una bola para completar una colección. Vendido como una gran aventura entre amigos, el pasatiempo consiste en reunir un equipo de luchadores capturados, y aun así a nadie deja de encantarle."
"Un detective de los locos años veinte que resuelve sus casos soltando demonios sobre sus rivales tiene un método policial cuando menos expeditivo. Capturas a esos espíritus, los archivas en tubos y los llamas al combate como simples herramientas, todo en nombre del orden público. La elegancia retro hace pasar sin tropiezos esa domesticación forzada de lo sobrenatural."
"Al término de un combate ganado, el juego te invita a rematar al rival con una «fatality», una ejecución coreografiada de una inventiva sangrienta casi virtuosa. Ejecutas la combinación de botones con esmero, orgulloso de lograr un desmembramiento espectacular, sin detenerte demasiado en que sobre todo estás perfeccionando el arte del asesinato teatral."
"Sobrevivir a un internado inglés parece una causa noble, pero el método se reduce a disparar tirachinas, plantar petardos y dominar el patio a base de peleas. Presentado como la revancha de un chaval acosado, el día a día consiste en convertirte tú mismo en el pequeño terror del colegio, algo que logras con una sonrisa algo culpable."
"El oficio de asesino a sueldo se presenta aquí como un arte de la discreción: disfraces, venenos y cuerdas de piano, lo que sea para eliminar al objetivo sin dejar rastro. Admiras la elegancia de la ejecución, y el juego incluso te premia por la limpieza del trabajo, lo que equivale a poner buenas notas a asesinatos por encargo sin ver en ello malicia alguna."
"El sueño declarado cabe en dos palabras: ser Maestro Pokémon. En la práctica atrapas animales salvajes dentro de pequeñas bolas, los acumulas por docenas y los mandas a aporrearse hasta el desmayo para ganar medallas. La aventura es tan entrañable que pasas por alto de buena gana esa afición a coleccionar criaturas de combate, enternecido más que incómodo."
"Al término de un combate ganado, el juego te invita a rematar al rival con una «fatality», una ejecución coreografiada de una inventiva sangrienta casi virtuosa. Ejecutas la combinación de botones con esmero, orgulloso de lograr un desmembramiento espectacular, sin detenerte demasiado en que sobre todo estás perfeccionando el arte del asesinato teatral."
"El inmenso campo de juego invita a hacer de todo, y enseguida optas por robar coches, cumplir encargos para criminales y convertir el tráfico en un caos. El guion lo viste todo de ascenso en el hampa, pero la libertad ofrecida funciona sobre todo como un permiso oficial para encadenar delitos, algo que te concedes con un deleite del todo pixelado."
"Acribillar nazis por docenas en una América ocupada apela a la causa más defendible que existe, lo que no impide que el desenfreno de violencia alcance cotas jubilosas de lo más vertiginoso. Aniquilamos al ocupante con un deleite gozoso, sirviendo la razón como licencia ilimitada para la matanza. Ver una noble resistencia derivar en carnicería desinhibida y eufórica resulta sabrosamente excesivo."