Roguelike sin complejos, cimenta su dificultad en mazmorras generadas, una muerte que te hace perder todo y una gestión ajustada de objetos y energía. Leer las plantas, elegir tus combates y preparar cada descenso pesan más que la improvisación temeraria. Exigente pero justo, premia el método y la paciencia, y conquista a los amantes de la progresión táctica bajo tensión constante.