Sigue siendo la referencia del mundo abierto en Switch. Trepar por donde sea y planear a tu antojo resulta liberador, y la física premia la improvisación. La durabilidad de las armas todavía molesta, pero recorrer Hyrule conserva su magia.
Vuestro veredicto
Categoría
Mundo abierto1 jugador12+
Descripción
Link despierta tras un largo sueño y recorre un Hyrule devastado, libre de ir a cualquier parte. Editado por Nintendo, lanzado en todo el mundo en 2017. Escalada y planeo, cuatro Bestias Divinas, más de cien santuarios, puzles físicos y armas que se desgastan.
Análisis de The Legend of Zelda: Breath of the Wild
MAX
Dir. artística
★★★★★
"Icónica"
MAX
Música
★★★★★
"Legendaria"
4/5
Historia
★★★★★
"Cautivador"
Hyrule pintado como una acuarela viva: relieves suavizados, brumas lejanas y una luz que resbala por las colinas te empujan hacia el horizonte. Esa apuesta semirrealista, ni cartoon ni fotorrealista, mantiene una legibilidad perfecta y un encanto atemporal intacto.
Manaka Kataoka y su equipo apostaron por la contención: un piano disperso, notas sueltas que flotan sobre una Hyrule en ruinas, el silencio convertido en instrumento. La banda sonora se retiene y luego florece en un combate o un amanecer. Ese pudor acompaña el deambular y el asombro, y sigue siendo una de las decisiones sonoras más discutidas y queridas del medio.
Jugabilidad
"Magistral"
Trepar cualquier risco y planear hacia un pico avistado a lo lejos: esa libertad de movimiento sigue siendo su alma. El motor físico y químico premia la improvisación y cada solución parece tuya. Las armas frágiles aún molestan, pero recorrer Hyrule sin que te lleven de la mano sigue siendo una sensación rara, intacta años después.
Diversión
"Desde los primeros minutos"
Adicción
"Obsesivo"
Pisar Hyrule es encadenar desvíos: una torre que escalas descubre un santuario, que lleva a un Korok, que señala una aldea. La libertad de afrontar cada obstáculo con la física y la química del mundo convierte cualquier colina en un acertijo voluntario. Siempre vuelves por 'solo un santuario más' antes de desviarte diez veces. La estructura abierta sigue siendo un referente; solo la dispersión de objetivos puede diluir las sesiones.
Dificultad
"Fácil"
Duración
"Enorme"
Hyrule se extiende en todas direcciones y cada colina lejana se convierte en un desvío. Entre los ciento veinte santuarios, las Bestias Divinas, la caza de Korok y las ganas de trepar más alto, la aventura se prolonga mucho más allá de la trama de Ganon. Esa libertad transmite la sensación de un viaje sin final impuesto, y por eso sigue siendo una referencia.
Enfrentar a una Bestia Divina implica escalarla, anular sus miembros y golpear su núcleo: cada coloso es un rompecabezas mecánico antes que un blanco. Los Guardianes convierten la llanura en cacería letal, y Ganon sintetiza todo el arsenal en un duelo final. La improvisación física vuelve único cada encuentro.
Una carátula de culto
Una silueta diminuta ante un Hyrule inmenso: Link, de espaldas en lo alto de un acantilado, contempla un mundo que se extiende sin límites. La composición despejada y los suaves azules y verdes traducen la promesa del juego, la libertad pura. Nada grita aquí; susurra una invitación a explorar que sigue intacta.
¿Merece la pena jugar a The Legend of Zelda: Breath of the Wild en 2026?
Siete años después, Breath of the Wild sigue siendo una lección de diseño de mundo abierto. Su libertad de enfoque, su motor físico y químico que premia la improvisación, y su sentido del descubrimiento envejecen de maravilla. Las armas frágiles y algunos santuarios repetitivos siguen siendo críticas justas, pero la emoción de escalar una cima vista en el horizonte sigue siendo única. En Switch el dentado y alguna caída de fluidez delatan la edad del hardware sin estropear lo esencial. Para quien disfruta explorando sin que lo lleven de la mano, sigue siendo un referente vivo y una puerta de entrada perfecta al género.