El tortazo arranca de nuevo con nuevos héroes, escenarios exóticos y, sobre todo, la cooperación a dos que tanto faltó en el primero. Pegar juntos, compartir los power-ups y limpiar la pantalla brinda un placer compartido multiplicado. Más generoso e igual de directo, este yo contra el barrio conserva el impacto de los golpes y la simplicidad gozosa de un desahogo para saborear en pareja.