¿Merece la pena jugar a Kaeru no Tame ni Kane wa Naru en 2026?
Exclusiva japonesa, esta curiosidad de Nintendo funciona como eslabón entre Zelda y SaGa, con una escritura llena de humor absurdo. El príncipe Sablé se convierte en rana para nadar o en serpiente para reptar, la exploración recuerda al metroidvania y los combates se resuelven en cinemáticas automáticas sorprendentemente expresivas. La dulzura visual, la libertad y el tono cómico siguen siendo un placer, incluso con traducción de aficionados o guía. Una pequeña maravilla atípica, indispensable para amantes de rarezas Game Boy.